Cada 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente nos invita a mirar el planeta con responsabilidad. Pero también con memoria.
Proteger el medio ambiente no empieza hoy, no empieza con una campaña, no empieza con una fecha marcada en el calendario. Empieza mucho antes: cuando alguien mide, observa, interpreta datos, estudia el territorio y se pregunta qué está pasando con el aire que respiramos.
Ese es el enfoque que queremos destacar desde el Colegio Oficial de Físicos en este Día Mundial del Medio Ambiente: el compromiso sostenido de la Física con la protección del entorno, la salud ambiental y la toma de decisiones basada en evidencia científica.
Un compromiso que el COFIS lleva años impulsando a través de sus profesionales, sus delegaciones territoriales y su defensa del conocimiento científico como herramienta útil para la sociedad.
Una mirada histórica: de la contaminación a la recuperación
El 18 de noviembre de 2009, Mariví Albizu, doctora en Ciencias Físicas y actual delegada del COFIS en Euskadi, Navarra y La Rioja, realizó una presentación titulada “Desde el Estuario del Nervión contaminado de 1977 a la respirable Ría de Bilbao del siglo XXI”.
Aquel trabajo recogía, con rigor y perspectiva histórica, una de las grandes transformaciones ambientales del entorno urbano e industrial de Bilbao: el paso de una ría marcada por la contaminación atmosférica e industrial a un espacio mucho más respirable, vigilado y ambientalmente recuperado.
La presentación no era solo un recorrido por el pasado. Era también una lección de ciencia aplicada. Una forma de demostrar cómo la Física, la meteorología, la medición de contaminantes, el estudio de la atmósfera y la planificación ambiental pueden contribuir de forma decisiva a mejorar la vida de las personas.
La calidad del aire no se mejora con intuiciones. Se mejora con datos. Con redes de vigilancia. Con conocimiento técnico. Con profesionales capaces de entender cómo se comportan los contaminantes en un territorio real.
Bilbao: una historia de industria, aire y transformación
La Ría de Bilbao ha sido, históricamente, la base del crecimiento económico, industrial y social de la ciudad. Sus márgenes acogieron astilleros, fábricas, muelles, dársenas, industrias metalúrgicas, químicas y siderúrgicas. El desarrollo industrial convirtió el entorno del Nervión-Ibaizábal en uno de los grandes motores económicos del país.
Pero ese crecimiento tuvo también una consecuencia ambiental profunda.
La industria y las viviendas se mezclaron en un territorio complejo, con una orografía difícil, proximidad al mar, valles, montes y condiciones meteorológicas que favorecían la acumulación de contaminantes. Las emisiones quedaban atrapadas en determinadas situaciones atmosféricas, especialmente en episodios de estabilidad, inversiones térmicas o escasa ventilación.
La contaminación no era una teoría. Era una realidad visible. Y, sobre todo, respirable.
Los conocidos episodios de Erandio de 1968 marcaron un punto de inflexión social y ambiental. A partir de ahí, se hizo evidente la necesidad de medir, controlar y actuar.
Medir para cambiar
Uno de los grandes valores del trabajo histórico fué mostrar cómo la medición fue el inicio del cambio.
En los años 70 comenzaron las primeras mediciones de contaminantes en el área del Bajo Nervión. En aquella época, el dióxido de azufre, SO₂, era considerado uno de los principales indicadores de contaminación atmosférica. Los primeros sistemas eran manuales y lentos: había que esperar horas para obtener resultados.
Pero incluso con medios limitados, aquellas mediciones permitieron construir conocimiento.
Entre 1970 y 1975 se desarrollaron estudios que dieron lugar a la creación de una de las primeras redes automáticas de control y vigilancia de la calidad del aire en España y en Europa. En 1977, el Gran Bilbao fue declarado zona de atmósfera contaminada. Y a partir de ese momento comenzaron a intensificarse las acciones correctoras, los planes de saneamiento atmosférico y la vigilancia ambiental.
La historia demuestra algo fundamental: cuando la ciencia entra en la gestión ambiental, las decisiones mejoran.
La contribución científica de Mariví Albizu
Hablar de esta presentación es hablar también de una trayectoria.
Mariví Albizu representa una forma de entender la Física profundamente conectada con el territorio, con el medio ambiente y con la salud de las personas. Su trabajo sobre la dinámica atmosférica en el estuario del Nervión, la influencia de los contrastes térmicos mar-tierra y los episodios de contaminación en Bilbao forma parte de una historia de contribuciones científicas que han ayudado a comprender mejor cómo se comporta el aire en entornos urbanos e industriales complejos.
Ese buen hacer científico merece ser reconocido. Detrás de cada red de vigilancia, de cada modelo atmosférico y de cada plan de mejora hay profesionales que han dedicado años a estudiar fenómenos que muchas veces son invisibles, pero que tienen un impacto directo en nuestra calidad de vida.
La Física también está ahí: en lo que no vemos, pero respiramos.
El compromiso del COFIS con el planeta
Este Día Mundial del Medio Ambiente es una oportunidad para recordar que el COFIS lleva años presente en la conversación ambinetal.
A través de físicos y físicas que trabajan en calidad del aire, protección radiológica, energía, medio ambiente, meteorología, metrología, cambio climático, modelización, medición de contaminantes y evaluación de riesgos.
La historia de la Ría de Bilbao demuestra que el planeta necesita ciencia. Necesita datos fiables. Necesita profesionales formados. Necesita instituciones que defiendan el conocimiento técnico.
Y necesita memoria para no repetir errores.
Hoy los retos han cambiado, pero no han desaparecido. Junto a los antiguos contaminantes industriales, aparecen desafíos como el NO₂, las partículas PM10 y PM2,5, el ozono troposférico, el tráfico, el diseño urbano y el cambio climático.
Por eso, la pregunta sigue siendo la misma: qué aire queremos respirar y qué decisiones estamos dispuestos a tomar para conseguirlo.
Una lección para el futuro
La transformación de la Ría de Bilbao nos enseña que mejorar el medio ambiente es posible. Pero también nos recuerda que no ocurre de un día para otro. Hace falta medir, planificar, invertir, educar, cambiar hábitos. Y hace falta ciencia.
En este 5 de junio, desde el COFIS queremos reivindicar esa ciencia que trabaja en silencio, durante años, para que las ciudades sean más habitables y el planeta más respirable.
La historia de Mariví Albizu y de la Ría de Bilbao es una prueba de ello. Es una historia de compromiso, de conocimiento aplicado, de contribución profesional. Y de buen hacer científico al servicio del medio ambiente.
Cuidar el planeta es entenderlo mejor para protegerlo mejor.
👉Puedes descargar aquí la presentación de 18/11/2009. Descargar
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